La semana en que sindicatos, alcaldes, gobierno y clientes enfrentaron a Enel

Anuncios de demandas, multas y acusaciones de una reestructuración a la que trabajadores atribuyen la falta de capacidad de reacción de la empresa, se sucedieron luego del prolongado corte que afectó a miles de clientes hace siete días.
Lunes, 24 de julio 2017
(El Mercurio) Una revisión simple de documentos públicos da algunas luces. En 2006, la dotación de técnicos de Chilectra S.A. estaba constituida por 143 de este tipo de trabajadores. Diez años más tarde, su sucesora, bajo el nombre de Enel Distribución, estaba integrada por solo 103, una baja de 28%.
Datos como estos son los que esta semana salieron a la palestra pública, luego que el grupo eléctrico italiano Enel enfrentara en Chile una de las más grandes crisis operacionales desde que se instaló en el país a cargo de lo que antiguamente fueron las históricas Enersis, Endesa y Chilectra. Luego de la nevazón del fin de semana recién pasado, un apagón afectó a unos 311 mil clientes de la distribuidora del grupo en la capital, y -lejos de amainar- las críticas sobre la compañía recrudecieron con el paso de las horas y días, debido a la tardanza de la compañía en reponer el servicio, sumado a que además evidenció fallas en la información que entregaba a clientes, alcaldes y autoridades.
No solo no había luz, sino que las comunicaciones e internet se debilitaron a causa del corte de energía. Algunos hogares afectados quedaron sin cocina, agua y calefacción en un día con temperaturas bajo cero. Los semáforos no funcionaban, y cercos eléctricos, cámaras de seguridad y sistemas con alarmas estuvieron inoperativos. Y por si fuera poco, al menos un cliente electrodependiente murió.
Todo un cuadro que dio paso no solo al anuncio de que vendrían diversas demandas colectivas, sino que diversos actores pusieron foco en la gestión de la compañía, cuya historia reciente está marcada por una reestructuración operacional, que los propios sindicatos de la firma denuncian como una de las razones de la actual crisis. Y que por cierto, el gerente general, Nicola Cotugno, se encarga de refutar.
“Cuando se pasa la línea roja, no mejora la productividad”
“Creo que ha habido un mal manejo de nuestro gerente. Creo que lo mejor que podrían hacer es admitir que no lo están haciendo bien, tienen que corregir cosas y sincerar esa situación (…) Está bien ‘acinturar’ a la compañía, pero cuando se pasa la línea roja, no mejora la productividad y llega un punto en que empieza a bajar. No hemos sido capaces de resolver el tema de los cortes de suministros en los tiempos que se espera. Es un reflejo de la precarización de estos servicios. Se saca gente y no se reemplaza. La gente está con sobrecarga”, critica el presidente del sindicato 1 de Enel, Jorge Gómez.
“No puede ser que no haya respuesta en cinco días. Si hubieran advertido oportunamente que las reparaciones podían extenderse, podrían haber tomado medidas alternativas ante la severidad de la situación”, cree Hugh Rudnick, profesor de la UC y director de la consultora de ingeniería y diseño Systep.
La ex secretaria ejecutiva de la Comisión Nacional de Energía y gerente general de Energética, María Isabel González, considera que 200 cuadrillas -el número que la propia compañía informó que dispuso- es un número insuficiente. Y sostiene que la concesionaria no cumplió con las mantenciones de rigor para una empresa distribuidora de energía eléctrica.
“Aquí hay una obligación de calidad de servicio y de seguridad de suministro que está absolutamente definida en la ley y que deben cumplir los concesionarios”, asevera, y recalca que los costos de mantención, que consideran la poda de árboles, están incluidos en la tarifa pagada por los consumidores.
El director ejecutivo de Ingenieros Electroconsultores y académico de la Universidad de Chile, Francisco Aguirre, tiene un enfoque distinto. “Las concesionarias no pueden tener gente ociosa dentro de la empresa, que trabaje una vez cada tantos años. Si tuvieran que prevenir para todas las situaciones que están fuera de la normalidad, probablemente las cuentas de la gente tendrían que ser distintas”, afirma el ingeniero eléctrico.
Otros expertos plantean que un punto clave en la resolución de los cortes es qué tan automatizada y digitalizada está la red eléctrica, pues esta tecnología permite saber en forma exacta el origen de una falla, de modo que la logística de la reparación sea mucho más eficaz y rápida.
Datos de la propia compañía consignados en su última memoria 2016 muestran que la firma recién comenzó a aplicar la primera fase de un recambio de medidores hacia un sistema digital que, en palabras de la propia empresa, conectan de manera bidireccional y permanente a los clientes con la compañía.
¿En qué fase va ese recambio? Un total de 50 mil medidores en el balance 2016 -de 1,8 millones de clientes en 33 comunas que atiende-, de una tecnología que en Europa ya tiene instalada en 40 millones de hogares, principalmente en España e Italia.
La reducción de costos de Carter II
En 2015, el grupo Enel anunció una completa reorganización de su negocio en Chile y el resto de Latinoamérica, que significó separar en sociedades distintas los negocios del país y los del resto de la región, lo que implicó, además, un histórico cambio de marcas, en que todas las eléctricas pasaron a llamarse Enel, como la matriz en Italia.
En el marco de dicho plan, que se conoció como Carter II -y que en su momento fue ampliamente resistido por al menos parte de las AFP en su calidad de socias minoritarias-, la firma comprometió una mayor eficiencia de recursos y reducción de costos operativos.
“Eso está declarado así de parte de la empresa hacia los inversionistas. No es un misterio, y están reafirmándolo los trabajadores. Hubo un plan sistemático de reducción del orden de un 30% promedio por cliente”, recalcan fuentes.
En el sindicato de Enel manifiestan que este plan de reestructuración está detrás de la escasa capacidad de reacción que tuvo la empresa durante la crisis. Esto, porque parte de sus técnicos mejor calificados fueron desvinculados de la empresa.
Estas mismas fuentes explican que el reemplazo de mano de obra por contratistas no siempre logra mantener el estándar de servicio, porque este tipo de profesionales tienen una rotación mayor y, por ende, la capacitación en sus funciones es más compleja, porque no hay incentivos para formar personal que no tendrá la permanencia de los trabajadores de planta.
¿Qué dicen los minoritarios?
A condición de reserva, uno de los consultados plantea que no lo inquietan las multas ni compensaciones comprometidas por la compañía, pues considera que es un porcentaje menor de las utilidades de la empresa y de la valorización de la compañía.
Pero lo que sí le preocupa es la imagen y la marca de la compañía y la relación de Enel con el gobierno y la ciudadanía.
